LA VIDA ÍNTIMA DE LOS INSTRUMENTOS MUSICALES DEL PACÍFICO

Por SILVIO M. SOLÍS SANDOVAL

Mientras caminaba a casa con los alimentos para el almuerzo que mi madre había mandado a comprar, como de costumbre había una reunión de nuestros mayores claramente lo puedo recordar. Pero ésta no era una reunión cualquiera, pues alguien tenía una marimba, que estaba a punto de tocar. Yo, como tantas otras personas nos quedábamos a mirar. Y sin mentir, en tan siquiera un punto pensé que no lo iba a poder escribir, por el hecho de recordar. Y aún pienso que hay cosas que en este papel se me hacen imposibles de plasmar.

Continuando los acontecimientos. Llegaba el momento de la marimba y de menos hablar, con el primer repique de los bordones que endulzaban mis oídos, se prendió la fiesta en ese momento. Las señoras alzaban su pollera, como lo hace la marimba al hablar y los hombres, zapateando, pedían más instrumentos. Traían los hijo y nietos bombo, cununo y guasá, y se armó tremendo coqueteo entre los que sonaban y los que arrancaban a bailar. El cununo andaba con su hembra y a la marimba no le dejaba de repicar. En las mismas estaba el bombo que mientras su chica golpeaba, el hondeaba, pero quería el duelo al cununo ganar. Mientras tanto los señores, a paso de currulao, les coqueteaban a las señoras, dando fuertes zapateos a su alrededor.

Y con el pañuelo del amigo, concentrando su mirada para demostrar su encanto de señor, las señoras que al ritmo del guasá y la marimba no son tan fáciles de conquistar, intentaban desviar la mirada, para no demostrar su amor. El repique del cununo y los golpes del bombo traían más espectadores. Y la marimba cantaba tan lindo que parece algo del cielo, señores. Los niños presentes le ayudaban en su canción, y las señoras del guasá, que son buenas colaboradoras, pasaban tragos de viche y gritaban de alegría. Pasaba el otro compadre que esto no acababa todavía. Yo sí estaba preocupado por la hora, pues ya se hacía tarde y a casa no llegaba con la comida. Con muchas ganas de quedarme me fui bailando, pensando en ser mayor para coquetearle a mí querida.