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Con pañitos de agua tibia no se calma este ayayai que nos está matando

De Jhon E. Solís

Vamos a darnos un par de bofetadas, a ver si así despertamos, pueblo mío. Mi Guapi, un municipio con cerca de 31 mil habitantes, dotado de un gran número de profesionales (porque sí, algo tiene el guapi­reño, es que le gusta estudiar), ¿cómo es posible que a estas alturas carezca incluso de un comité de veeduría ciudadana, que pueda ver lo que acontece con sus recursos e inspeccionar para qué y cómo deben ser utilizados?

Ahora, ese gremio de profesionales oriundos de nuestro bello terruño, es momento de echar una mirada retrospectiva a las situaciones que nos aquejan de manera inmediata y aportar desde su campo. Recuer­de que “del pueblo y para el pueblo”, no pretenda tan solo llegar acá porque la ola del desempleo en las grandes metrópolis lo tiran a nuestras orillas.

Entre tanto, ya es hora de tener sentido de pertenencia por este pedazo de tierra, que no ha hecho más que vernos nacer, crecer y hasta reproducir sin pedirnos nada a cambio. Lo mínimo que merece es res­peto y amor como forma de compensación. Es evidente que nuestros mandatarios ya no tienen vergüen­za, es tanto el escarnio que pasan solamente dejando más y más secuelas. Pero también hay que men­cionar que somos una población desunida, a la que lo colectivo poco le interesa, y se hace acreedora de gran parte de nuestra mala situación. Haré solo un paneo y explicaré grosso modo algunas situaciones; tenemos un río y, paradójicamente, si no llueve no tenemos agua para beber, somos responsables direc­tos de su contaminación. Tenemos grandes parcelas de tierra, mar y manglares, mientras tanto, si no lle­ga el blanco (llamado paisa) a invertir o usufructuarse, no tenemos fuentes de empleo, ya sea como ayudantes de comercio, vendedores de loterías o transportadores de x o y material, etc. Tenemos un gran potencial humano (local), pero siempre nos llega un agente de otra localidad, a ser quien lidera las pocas obras y procesos que se ven ante los ojos del pueblo.

En realidad, nos tratan como se les da la gana, y es momento de mostrar el enorme valor que tenemos como guapireñas y guapireños y exponer nuestro descontento, para ver si nos dan una mirada que ten­ga, sí, y sólo sí, la idea de PROGRESO Y VIDA DIGNA para nosotros.

La invitación es, aprovechar estos procesos que se adelantan en otros departamentos (Valle y Chocó) y que retomemos las vías de hecho, para que nos escuchen a lo largo y ancho del país. De no ser así, se­guiremos en iguales o peores condiciones.

NO AGUANTEMOS MÁS.

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