Por: Silvio M. Solis Sandoval
Afilé mi machete casi rayando la aurora.
Con un pedazo de lima vieja y caña agria.
Que el tapa’o de pesca’o estuviera esperaría.
Cogí mis botas y jalé un cachin ante la demora.
Me atarugué dos cabos de envuelto y jugo de mora.
Pensando en la cosecha seis costales me topé.
Bajé el tapa’o apagué el jogón y rápido arranqué.
Ya eran las cinco de la mañana más o menos.
En el camino topé una pala y estaba raro el terreno.
Eran huellas de botas, pensé, así no fue que lo dejé.
Dejé las huellas y continué echando ojo al cultivo.
El banano estaba bonito, ya los pájaros se lo comían.
Me faltaba un racimo de plátano, por las botas lo suponía.
Me salió un venado tierno y me zampé detrás del chivo.
Se me quedó la pólvora y ¿ahora como lo tiro?
Se me va perder la presa, me rondaba en la cabeza.
Que rica una piernita azadita en la azotea o la mesa.
Voy aguaitarlo aquí, manque con el machete le doy.
Estas presas ya no se ven, yo de aquí no me voy.
Ahora toca ser rico para comprar manque la cabeza.
! Pum¡se escuchó, alguien más se lo venía atilvando.
Esperé unos minutos para ver quién me invadía.
Era un señor blanco con barbas de hombre, no lo conocía.
Me gritó “salga señor y deje de estar vigilando”
Miré adelante y atrás, pero, repitió, si, con usted estoy hablando.
Empuñé mi machete y comencé a contar los pasos.
Pensé “Si el señor se me sampa lo vuelvo retazos.
Con una sonrisa me dijo, “no tenga miedo que yo sé quién es”
“Conozco a su familia, la casa del río y malo no es”
“le regalo ese venado, yo todos los días los cazo”.
Me quedé asombrado y dudé de su bondad
Porque la gente que anda regalando tiene su maldad.
Y más un hombre blanco en tierra de negro, es raro, que será.
Y que le debo, le pregunté, solo para las cosas aclarar.
“No se preocupe” me dijo, “este es su terreno como va a pagar”.
“Está bonito su cultivo, le propongo una matica sembrar”
“Eso sí que le da dinero y usted ya no tiene que madrugar”.
Le respondí, tranquilo que a mí me gusta como vivo.
Por acá todo es tranquilo, no preocupo por nada y como del cultivo.
Me viró a los ojos, pisó el banano y me dijo “le voy a contar”
“¿Usted recuerda la bonita finca de don Ramón?”
Si, le contesté y a reírse comenzó mientras decía.
“Ese señor tenía cultivos así y con la matica cambió su vida”.
Pero mire que de nada le sirvió, allá lo encontraron cortado como jamón.
Dijo “usted es como avispadito eso pasa a los que no manejan el lenguón”.
“Y usted no creo que sea uno de esos, por el contrario”.
“Podemos ser socios y yo me encargo de que sea millonario”.
Por favor, señor, yo nada de eso en mi vida quiero.
Si de millonario se trata, yo estoy viviendo como prefiero.
“Ya no se haga el duro” me dijo “los pobres mueren a diario.
